SERIE: Transiciones juveniles – Keyla Cáceres

“El acompañamiento que necesitan estos procesos es justamente el reconocimiento de las capacidades políticas de las personas que entran”

Por Lyvia Porras

Desde el Fondo CAMY hablamos con algunas mujeres jóvenes que recientemente han  salido de sus organizaciones. Queremos compartir sus aprendizajes porque consideramos que son muy valiosos para reflexionar sobre cómo las transiciones forman parte del fortalecimiento organizacional.

Transiciones juveniles ¿De qué estamos hablando? Dentro del activismo juvenil,  algunas organizaciones por norma y algunas personas por convicción política, consideran que llega un momento en que has de dejar ese espacio de activismo para dejar lugar a que se fortalezcan nuevos liderazgos.

El movimiento juvenil nos ha enseñado cómo estos procesos pueden aportar a la sostenibilidad de los movimientos sociales. Muchas organizaciones, que se identifican como parte del movimiento juvenil, transitan en liderazgos y coordinaciones, cada una desde su propia práctica organizativa, de manera estructurada y planificada.

Hoy compartimos nuestra conversación con Keyla Cáceres, activista feminista salvadoreña. Keyla era parte de la coordinación de Jóvenes Voceras y Voceros por los Derechos Sexuales y Reproductivos. Ahora participa en la Colectiva Amorales, la Asociación Ixchel y trabaja en la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto.

Keyla Cáceres

“El acompañamiento que necesitan estos procesos es justamente el reconocimiento de las capacidades políticas de las personas que entran” Keyla Cáceres

 

Transiciones juveniles ¿de qué estamos hablando?

Las transiciones juveniles son una tarea de todas las personas que estamos en espacios de decisión de las organizaciones de jóvenes, es una tarea ética. En el momento que nos volvemos defensoras y defensores de derechos de las juventudes tenemos que asumir tanto la transición como el fortalecimiento de nuevos liderazgos.

¿Por qué es importante hablar de esto?

Por coherencia política. Desde el enfoque feminista y de juventudes no  podemos obviar las transiciones, es como un imperativo político. Hay quien agota todas las instancias para su permanencia, pero es una contradicción ética y política hablar de adulto-centrismo y no querer dejar tu espacio a otras personas que están entrando en el activismo.

¿Cuál ha sido tu reflexión más importante en este proceso?

Que tenemos que reflexionar sobre la manera en que ejercemos los liderazgos. A veces, al salir del activismo juvenil, muchas personas se quedan en juntas directivas, dando algún tipo de tutelaje o acompañamiento, como “el poder detrás”. No, hay que aprender a soltar. Dar autonomía para que se construya autonomía, reconocer los nuevos liderazgos y confiar.

También creo que a veces tenemos un planteamiento muy maternalista en los liderazgos, no queremos dejar que quienes llegan se equivoquen y pasen por sus propios procesos de aprendizaje. Pero tanto desde el feminismo como desde el enfoque de juventudes, tenemos que promover el cambio generacional, promover nuevos liderazgos. Debería ser una política interna de las organizaciones juveniles porque si no acaban reproduciendo lo que critican.

¿Cómo podemos acompañar estos procesos?

El acompañamiento que necesitan estos procesos es justamente el reconocimiento de las capacidades políticas de las personas que entran. El enfoque de juventudes tiene que promover el cambio generacional, promover nuevos liderazgos. Hay que orientar, traspasar puestos y funciones de manera adecuada, pero no confundir acompañar con tutelar, y confiar que las personas que llegan serán capaces de guiarse dentro de ese camino. Recordar que acompañar no implica tutelar.

¿Cuál es tu historia?

En mi proceso personal, para mí ha sido difícil soltar. Por eso también las transiciones son un aprendizaje personal. Al inicio, cuando entras nueva no se dimensiona lo que implica el trabajo administrativo y de construcción de proyectos. Dar una orientación guiada en esta área es necesario, pero hay que tener claro que hay que soltar, y no poner en duda que tan preparadas están las personas que entran para asumir estas actividades y/o responsabilidades.

Personalmente, me cuesta soltar, por eso apuesto a las transiciones porque para mí también son parte del crecimiento personal y profesional, aprenderá delegar y soltar. El feminismo me ayuda a trabajar esto, desde un punto menos maternalista.

¿Qué recomendarías a otros activistas jóvenes o colectivas juveniles o adultos organizados, por tu propia experiencia?

A quienes llegan, les invitaría a reflexionar sobre el compromiso real que tienen en la lucha por los derechos desde una perspectiva de juventudes.

A las personas que están transitando hacia otros espacios, que esto es una apuesta coherente y ética. Debemos apoyar nuevos liderazgos. Enseñando, guiando un poco pero sin imponer que las cosas vayan por donde nosotras queremos.  Construir y no estancarse, y construir desde otro lugar, aportar desde otro lugar y otra posición.

 

 

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